Bendita
La noche fue rentable. Después de un sudoroso trabajo regresaba a casa antes que la oscuridad se disipe por completo. Caminaba por entre botellas vacías y basura, pero antes de llegar a casa, religiosamente entraba todos los días por la puerta mayor de la iglesia San Francisco, en el interior era imposible no verla, ya que su abrigo rojo sangre y sus zapatos de tacón alto adornaban su entrada magistral. Se dirige directamente hacía la primera fuente de mármol situada a la izquierda, ésta contenía agua fresca y bendita, era curioso observar que de su bolso, cuyo interior sólo tenía un lápiz labial rojo, un preservativo, dinero en efectivo, y un detalle más, sacaba un vaso de plástico, el cual llenaba hasta el borde con el agua mencionada y la bebía satisfactoriamente sin respirar, sedienta de la purificación y limpieza que su alma y su cuerpo le exigían. Tracy respiraba profundamente y salía de la iglesia creyéndose iluminada, sagrada y virginal otra vez.
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